El cierre de un año y el inicio de otro es quizá una de las épocas en la que más personas en todo el mundo realizan ciertas prácticas para convocar la buena fortuna a sus vidas y hogares. En México hay varios: el borreguito de la abundancia; comer las 12 uvas; barrer la casa. En Dinamarca, por ejemplo, rompen platos contra las puertas de sus seres queridos luego de la cena. En las playas de Brasil, saltan siete olas mientras piden un deseo por cada una. En Grecia, se cuelgan manojos de cebollas en la puerta de la casa.
¿Por qué los seres humanos realizamos estas prácticas? ¿Cómo y desde dónde surgieron? ¿Realmente funcionan?
Religiosos, laicos, terapéuticos…
La antropología los define como una serie de actos repetitivos realizados en una secuencia específica que poseen un significado simbólico particular para un grupo o una cultura. Son claves en la cohesión social y en la transmisión de la cultura, y actúan como un medio para reforzar las creencias y valores colectivos. De ahí que crean un sentido de pertenencia y unidad.
Algunos rituales, incluso, tienen una función terapéutica, pues proporcionan un espacio para expresar y manejar emociones.
La antropología señala que existen distintos tipos de rituales, desde los religiosos -que refuerzan la fe-, los rituales de paso o transición -que marcan un momento importante en la vida de una persona como el nacimiento y la muerte-, o los festivos y comunitarios - eventos que reúnen a las personas para celebrar, fortalecer las relaciones y reforzar la identidad cultural.
También se ha identificado otra tipología como los de sacrificio u ofrenda, de adivinación o de purificación.
La filósofa y escritora argentina Diana Sperling cita al antropólogo Levi Strauss al señalar que no existe una cultura sin rituales, ya sean religiosos o laicos. “La cultura es ritual”, menciona en el podcast Aprender de Grandes. Incluso destaca los rituales laicos; desde los cumpleaños, las graduaciones académicas o algo tan sencillo y cotidiano como el momento de la comida: cómo se pone la mesa, quién sirve, el orden en que se sientan las personas. “La vida está llena de rituales, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir”, dice.
Para Sperling el ritual es la forma más antigua de inscripción de la persona en su cultura, es decir, le da un nombre y un título en la comunidad, y la legitima frente a ella.
Los rituales: una necesidad milenaria
En 2020, una investigación publicada en un número especial sobre rituales de la revista Philosophical Transactions of the Theatre of the Royal Society, concluyó que es muy probable que los ritos hayan surgido de la necesidad de las personas por mantenerse a salvo de peligros como las enfermedades.
El estudio “Ritual explained: interdisciplinary answers to Tinbergen's four questions” subraya que así surgieron diversos comportamientos que se perpetuaron con el paso del tiempo, incluso tras olvidar la razón que les dio origen. Por lo tanto, su repetición adquirió un valor social, es decir, está más conectada con un significado y una unidad sociales, incluso con una sensación de control y alivio emocional ante eventos estresantes.
¿Crees en los rituales? Hazlos bien
Desde la visión de la psicología, Beatriz Martínez Espinosa define al ritual como una repetición de conductas enfocadas a una necesidad de la persona que lo realiza, y puede ser funcional o disfuncional.
Por ejemplo, las personas con Trastorno Obsesivo-Compulsivo -una condición de salud mental caracterizada por pensamientos obsesivos que generan ansiedad y comportamientos repetitivos- son expertas en rituales. Aunque desde su percepción, los ritos les dan seguridad, lo cierto es que les impiden llevar una vida de calidad. De ahí que los rituales son válidos siempre y cuando permitan a la persona ser funcional con su entorno.
En lo que toca a los rituales que abordan aspectos espirituales o de pensamiento mágico, por llamarlos de algún modo, como los que se realizan en Año Nuevo, la psicóloga señala que son válidos desde el enfoque transpersonal -una rama que integra los aspectos espirituales y trascendentes de la experiencia humana a la psicología moderna. Sin embargo, subraya, un ritual por sí solo es insuficiente para tener probabilidades de éxito.
La persona que lo realiza, primero, debe tener claro qué objetivo desea lograr, y que ese objetivo sea realista, destaca Martínez Espinosa. Segundo, debe enfocarse en las fortalezas o cualidades internas que le pueden llevar a lograrlo, como la seguridad, la paz o la disciplina. Y finalmente, tiene que poner en marcha acciones concretas.
El ritual tiene que ir “acompañado de tus acciones, repito, y de tus elementos internos; lo que puedas proyectar hacia afuera”, detalla Beatriz Martínez, quien también se ha especializado en terapia breve estratégica y terapia médico comportamental.
A manera de ejemplo, menciona un ritual muy frecuente: caminar por la calle con maletas al recibir el Año Nuevo con el anhelo de viajar. Sin embargo, “¿qué es lo que buscas de ese viaje? Es que quiero un break para mí, quiero un descanso, quiero estar conmigo, quiero realmente desconectarme del estrés. Desde ahí viene la claridad de tu meta”.
“Y si quieres viajar a Europa, ¿qué tendrías que hacer para llegar a Europa? ¿Cuánto tendrías que contemplar en tus ingresos? Todo eso que tú haces previo a un viaje, tienes que contemplarlo desde antes que hagas un ritual para ser realista”, agrega.
“¿Y qué llevas en las maletas? No pues están vacías, solo es la maleta. ¡No! Pon tu ropa; como si realmente estuviera sucediendo?”.
Beatriz Martínez enfatiza que, aunque la ciencia y la espiritualidad o el pensamiento mágico, estén peleados, el ser humano continúa teniendo la necesidad de creer en algo más que su propio ser y sigue siendo un todo complejo del que aún queda mucho por descubrir. De ahí que, como profesional en psicología transpersonal, su abordaje siempre es integral y, de hecho, este enfoque “aborda que las emociones son energía”, explica.
Visto así y, tomando en cuenta que las emociones tienen un impacto fisiológico -lo cual sí está comprobado- quizá no es mala idea que saques provecho de uno que otro ritual de Año Nuevo.







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