¿Qué le pasa a una niña o niño cuando está frente a una pantalla? Pero, más allá de la experiencia individual, ¿qué le pasa a una sociedad cuando sus infancias viven a través de las pantallas? Hoy el gobierno federal ha vuelto a poner en padres y madres la responsabilidad final de cuidar a todas las infancias y adolescencias, pero ¿dónde queda el Estado en ello?
En México, la discusión es urgente, ya que hay casi 23 millones de menores de edad utilizan internet. Necesitamos atender a infancias y adolescencias frente a la creciente evidencia de los impactos de pantallas y redes sociales en su desarrollo.
Aunque todavía estamos lejos de tener todo el panorama, la evidencia muestra que la omnipresencia de las pantallas no está teniendo buenos efectos en infancias y adolescencias en todo el mundo. Como normalmente sucede, los más vulnerables son los más afectados.
Primero, vimos las violencias a través de redes sociales: grooming, agresiones, enganche para desapariciones; entonces generamos algunas estrategias para tratar de proteger a las niñas y los niños como familias, como madres, como cuidadores. Algunas veces funcionaron, otras fueron porosas y muchos menores cayeron víctimas de delincuentes.
Después vino la conciencia de la salud mental: las presiones para tener el ansiado like, los role models no sólo inalcanzables, sino muchas veces ficticios, provenientes de filtros y más recientemente Inteligencia Artificial.
Ahora sabemos que no sólo son los otros usuarios quienes representan riesgos en un universo sin filtros ni controles, lo es la propia naturaleza de las plataformas; ya sea el scroll infinito, los mecanismos de engagement como el like, o los videos que generan sonidos e imágenes que alteran los tiempos de atención de infantes, todas tácticas que han atrapado a niñas, niños y adolescentes en un laberinto.
¿Dónde estamos en México frente a estas realidades? En nuestro país hay 4.7 millones de niñas y niños entre 6 y 11 años, así como 11.3 millones de adolescentes entre 12 y 17 años que son usuarios de un celular. Noventa por ciento de las personas usuarias emplea internet para acceder a sus redes sociales, revela la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares del INEGI.
Hace unos días, el Gobierno federal anunció tres foros de consulta regionales para el tema de regulación de redes sociales. Vamos tarde y preocupan, al menos, dos temas: el enfoque escolar de las regulaciones, cuando debería verse de forma integral en toda la vida en los primeros años y la insistencia de poner en las madres y los padres la responsabilidad última.
En otras regiones del mundo, el Estado está tomando en sus manos la protección de niñas, niños y adolescentes; esta semana Francia anunció la prohibición de redes sociales a menores de 15 años y del uso de celular en preparatorias. En México aún persiste la visión de que la responsabilidad de cuidar a infancias y adolescencias recae únicamente en padres y madres.
Lo dijo la presidenta Claudia Sheinbaum en la conferencia donde anuncian los foros previos a la regulación:”…entonces que se traduzca en algún esquema de regulación, pero sobre todo a la educación digital, que las mamás y los papás sepan qué impactos tiene que su hijo vea ocho horas al día un dispositivo tecnológico, cómo pierde relación con otras actividades sociales, cómo en las familias que están la mamá, el papá y los hijos viendo el celular a la misma hora todo el tiempo también genera distorsiones en las relaciones familiares”.
Tanto el representante de UNESCO en México, Andrés Morales, en la primera conferencia donde tocó el tema, como la propia presidenta señalaron que las madres y padres están preocupados por el exceso de tiempo ante las pantallas.
Y sí, las madres estamos preocupadas y sí, también hacemos planes, estrategias y reglas para reducir la dependencia de las pantallas. El problema no está ahí, un problema social debe ser atendido desde la sociedad, desde el reconocimiento del Estado de su existencia y de la consecuente actuación para todos los espacios, no solo para las escuelas.
¿Como país, nos vamos a conformar con medidas tibias que vuelvan a dejar en los hombros de padres, madres y cuidadores un problema que es de carácter social?
Eso estaría dejando una vez más a nuestras infancias y adolescencias a la deriva. Una vez más demostrando que están muy lejos de ser prioridad. Es urgente ver el problema desde una perspectiva integral que parta de las escuelas pero que integre todos los espacios de su vida.









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